La curiosidad como forma de vida

Santiago Tejedor
Ilustración de un niño leyendo e investigando un libro con una lupa

¿Qué ocurre cuando dejamos de hacernos preguntas?

Aprender comienza mucho antes de encontrar una respuesta. Empieza cuando algo nos sorprende, nos incomoda o despierta nuestra curiosidad. Por eso, una de las tareas más importantes de la educación debería ser mantener viva nuestra capacidad de asombro. Un estudiante que pregunta, que quiere saber por qué suceden las cosas y que no se conforma con la primera explicación está desarrollando una competencia que le acompañará mucho más allá del aula.


Vivimos, paradójicamente, en un tiempo en el que tenemos acceso inmediato a una cantidad prácticamente ilimitada de información. Podemos obtener una respuesta en segundos y preguntar a una inteligencia artificial casi cualquier cosa. Sin embargo, disponer de respuestas no garantiza que sepamos formular buenas preguntas. Ahí aparece uno de los grandes desafíos educativos del presente: enseñar a buscar, contrastar, relacionar y cuestionar.


Necesitamos estudiantes capaces de reconocer que no saber algo no constituye un fracaso, sino que puede ser el comienzo de una búsqueda apasionante. La curiosidad nos invita a leer, viajar, investigar, conversar y acercarnos a aquello que desconocemos. También nos mantiene intelectualmente vivos cuando pasan los años. Acumular respuestas puede hacernos más sabios, pero conservar la capacidad de formular preguntas nos permite seguir aprendiendo durante toda la vida.

1 de septiembre de 2025

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