Santiago Tejedor
Aprender a escuchar
¿Escuchamos realmente o simplemente esperamos nuestro turno para hablar?
Vivimos rodeados de mensajes, conversaciones, vídeos, audios, notificaciones y opiniones. Nunca habíamos dispuesto de tantos canales para expresarnos y, sin embargo, quizá nunca haya sido tan necesario reivindicar el valor de la escucha.
Escuchar no consiste únicamente en permanecer en silencio mientras habla otra persona. Significa prestar atención, intentar comprender y estar dispuesto incluso a modificar nuestra mirada después de conocer la del otro. En educación, escuchar posee además un enorme valor.
Durante mucho tiempo imaginamos el aula como un lugar donde el profesor hablaba y los estudiantes escuchaban. Hoy sabemos que el aprendizaje puede ser mucho más rico cuando el conocimiento circula en diferentes direcciones. El alumnado llega al aula con experiencias, preguntas, inquietudes y conocimientos que también pueden enriquecer al docente y a sus compañeros.
Crear espacios para la conversación y el diálogo permite transformar una clase en una verdadera comunidad de aprendizaje. Aprender a escuchar es también aprender a convivir. Resulta especialmente importante en sociedades diversas, polarizadas y aceleradas, donde frecuentemente respondemos antes de intentar comprender. La empatía comienza muchas veces por algo tan sencillo y tan difícil como conceder al otro nuestro tiempo y nuestra atención.