Viajar para aprender

Santiago Tejedor
Ilustración de Santiago Tejedor en un poblado africano, con un mapa y una brújula

¿Puede un territorio convertirse en un aula?

Siempre he entendido el viaje como una extraordinaria oportunidad educativa. Salir de nuestros espacios cotidianos nos coloca delante de aquello que desconocemos y nos obliga a observar, preguntar, escuchar y comparar. Un mercado, una conversación con un desconocido, un paisaje, una comida o una estación pueden convertirse en recursos de aprendizaje si somos capaces de acercarnos a ellos con curiosidad y voluntad de comprender. Viajar nos permite además enfrentarnos a nuestros propios prejuicios.

A menudo construimos imágenes de otros países y culturas a partir de noticias, películas, redes sociales o estereotipos heredados. El encuentro directo introduce matices y contradicciones. Descubrimos que la realidad suele ser mucho más compleja que las representaciones que habíamos construido sobre ella. Ahí reside una de las grandes capacidades educativas del viaje: obligarnos a revisar nuestras certezas.

Por eso, considero que viajar puede ser también una metodología de aprendizaje. No basta con desplazarse ni con coleccionar fotografías. Hay que aprender a mirar, escuchar, conversar y respetar. El viaje educativo empieza cuando dejamos de preguntarnos únicamente qué queremos ver y comenzamos a preguntarnos qué podemos aprender de las personas y lugares que encontramos en el camino.

3 de octubre de 2025

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