Leer para entender el mundo

Santiago Tejedor
Ilustración de una persona mayor ilustrada leyendo en una antigua biblioteca

¿Qué perdemos cuando dejamos de leer?

La lectura no consiste únicamente en reconocer palabras y comprender frases. Cuando leemos imaginamos lugares que nunca hemos visitado, escuchamos voces de personas que jamás conoceremos y entramos en contacto con ideas formuladas siglos antes de nuestro nacimiento. Leer amplía nuestro vocabulario, imaginación y capacidad para interpretar la realidad.

En una época dominada por contenidos breves y estímulos constantes, la lectura posee además un valor añadido: nos obliga a mantener la atención. Un libro no suele ofrecernos recompensas cada pocos segundos. Nos pide tiempo, concentración y participación. Esa exigencia convierte la lectura en un excelente entrenamiento para el pensamiento profundo y puede ayudarnos también a comprender discursos complejos, detectar matices y construir argumentos propios.

Potenciar la lectura no debería significar únicamente obligar a leer determinados títulos. Necesitamos generar curiosidad por las historias y ayudar a cada estudiante a encontrar libros capaces de interpelarlo. La lectura puede comenzar como una tarea académica, pero su verdadero potencial aparece cuando se transforma en una elección. Cada libro abre una puerta; educar también consiste en despertar las ganas de cruzarla.

19 de noviembre de 2025

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