Santiago Tejedor
Volver a lo humano

¿Qué deberíamos proteger en un mundo cada vez más automatizado?
Cuantas más tareas puedan realizar las máquinas y más sofisticados sean los sistemas de inteligencia artificial, más importante será preguntarnos qué capacidades queremos preservar, desarrollar y reivindicar como sociedad.
La empatía, la conversación, la imaginación, la ética, el cuidado, la curiosidad y la capacidad de emocionarnos no deberían quedar relegadas frente a la eficiencia tecnológica. La IA puede ayudarnos a calcular, producir o analizar, pero somos nosotros quienes debemos decidir para qué queremos utilizar esas capacidades.
El gran desafío educativo no consiste en escoger entre personas y máquinas, sino en aprender a utilizar la tecnología sin renunciar a aquello que nos define. El futuro de la educación será tecnológico, pero solo tendrá sentido si continúa siendo profundamente humano.