Santiago Tejedor
Abrir los ojos, mirar la vida

Aldea hamer. Etiopía. Llegamos. Nos recibieron con temor. Quizás con indiferencia. Miramos. Nos miraron. Y pronto olvidamos el privilegio de estar allí. Hicimos fotos, fotos y más fotos para poder contar que habíamos estado.
Entonces apareció ella. Yo no la vi. Tampoco sabía que, desde la distancia, un amigo disparaba su cámara. Después me regaló esta instantánea. Y ella, sin saberlo, me dejó algo mucho más valioso: una lección.
En la foto hay un extraño mirando una pantalla y una mujer mirando al extraño. Ella parecía preguntarme —y todavía me pregunta—: «¿Qué haces?».
Y yo, sentado bajo este sol de otoño, de un sábado de septiembre, sigo pensando en todo lo que nos estamos perdiendo por no levantar la cabeza, abrir los ojos y empezar, de verdad, a mirar la vida.

