Santiago Tejedor
El valor del silencio

¿Cuándo fue la última vez que estuvimos realmente en silencio?
Nuestra vida cotidiana está repleta de notificaciones, mensajes, imágenes y estímulos que compiten constantemente por nuestra atención. Incluso cuando aparentemente descansamos, alguna pantalla suele reclamar nuestra mirada.
El silencio permite observar, ordenar pensamientos, escuchar y recuperar capacidad de concentración. También puede tener un valor educativo: después de formular una pregunta, no siempre necesitamos responder inmediatamente. Dar tiempo para pensar permite que aparezcan ideas más elaboradas y voces que quizá no participarían en un ritmo acelerado.
Hemos aprendido a temer los silencios y a llenarlos compulsivamente. Sin embargo, no todos los vacíos necesitan ser ocupados; algunos son imprescindibles para poder pensar.

