Santiago Tejedor
La tecnología necesita valores

¿Todo lo que podemos hacer con la tecnología deberíamos hacerlo?
Esta pregunta resulta cada vez más importante. La inteligencia artificial, los algoritmos, la automatización y las nuevas plataformas digitales amplían nuestras posibilidades de manera extraordinaria. Pero cada avance tecnológico introduce también decisiones relacionadas con la privacidad, la justicia, la responsabilidad, la igualdad o la libertad.
Desde mi forma de entender este “oficio”, considero que enseñar tecnología sin enseñar valores sería un error. Un estudiante necesita aprender cómo funciona una herramienta, pero también preguntarse para qué quiere utilizarla, qué consecuencias puede generar y a quién puede beneficiar o perjudicar. La formación tecnológica debe caminar acompañada de ética, pensamiento crítico y humanismo. No podemos delegar estas preguntas únicamente en ingenieros, programadores o empresas: afectan al conjunto de la ciudadanía.
La educación tiene aquí una responsabilidad extraordinaria. Necesitamos formar personas capaces de utilizar las posibilidades tecnológicas sin renunciar a decidir sus límites. El progreso no debería medirse únicamente por aquello que somos capaces de construir, sino también por nuestra capacidad para decidir responsablemente cómo queremos utilizarlo. Cuanto más poderosas sean nuestras tecnologías, más necesarios serán nuestros valores.