Educar con el ejemplo

Santiago Tejedor
Mochila, brújula y libro abierto en medio del camino

¿Podemos enseñar valores que nosotros mismos no practicamos?

El alumnado observa mucho más de lo que imaginamos. Percibe cómo tratamos a los demás, cómo reaccionamos ante un error y hasta qué punto somos coherentes entre aquello que defendemos y aquello que hacemos.

Podemos hablar de respeto, puntualidad, solidaridad, esfuerzo, honestidad o pensamiento crítico, pero estos conceptos adquieren verdadero significado cuando forman parte de nuestra conducta cotidiana. Un profesor que reconoce que se ha equivocado está impartiendo también una lección sobre humildad y responsabilidad.

Los valores pueden explicarse, debatirse y estudiarse, pero necesitan sobre todo ser vividos. Quizá la lección más difícil de preparar sea aquella que impartimos sin pronunciar una sola palabra.

19 de marzo de 2026

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