Santiago Tejedor
Educar para cuidar el planeta

¿Podemos amar aquello que desconocemos?
Resulta difícil proteger un bosque que nunca hemos recorrido, preocuparnos por una especie de la que nunca hemos oído hablar o comprender la fragilidad de un ecosistema que únicamente conocemos mediante cifras.
La educación ambiental necesita combinar conocimiento científico con experiencia, emoción y responsabilidad. Acercarnos a mares, bosques, especies y territorios permite transformar conceptos abstractos en realidades concretas y comprender hasta qué punto nuestra vida depende de sistemas naturales extraordinariamente frágiles.
No cuidamos el planeta porque sea una asignatura, sino porque es el lugar del que dependemos. Protegerlo comienza también por aprender a mirarlo como nuestro hogar y no simplemente como una fuente inagotable de recursos.

