Santiago Tejedor
La empatía también se aprende

¿Podemos enseñar a mirar el mundo desde los ojos de otra persona?
La empatía quizá no aparezca con suficiente frecuencia en los programas académicos, pero resulta indispensable para vivir en sociedad. Comprender que otras personas poseen historias, miedos, sueños y circunstancias diferentes de las nuestras nos ayuda a construir relaciones basadas en el respeto y la dignidad.
La educación dispone de numerosas herramientas para trabajarla. La literatura nos permite habitar temporalmente otras vidas; el periodismo nos acerca a realidades que desconocemos; el viaje nos enfrenta a otras culturas; el trabajo cooperativo nos obliga a escuchar perspectivas diferentes. Incluso una conversación bien planteada puede transformar nuestra manera de comprender un problema. Por eso la empatía no debería entenderse únicamente como una disposición emocional: puede desarrollarse mediante experiencias educativas concretas.
En un contexto marcado por la polarización, los discursos de odio y las relaciones cada vez más mediadas por pantallas, aprender a reconocer al otro resulta especialmente urgente. Podemos formar profesionales extraordinariamente competentes, pero una sociedad con mucho conocimiento y poca capacidad para comprender el sufrimiento, las necesidades y las perspectivas de los demás seguirá siendo una sociedad profundamente incompleta.

